Con un walkman y un libro de páginas blancas, la vieron caminar por el centro de nuestra ciudad. Con lágrimas en los ojos y el dolor de sus fracasos a cuestas, intenta aclarar su mente. Solo la tierna mirada de una pequeña niña vagabunda, la hace entrar en razón, mostrándole el camino que su vida vacía le entregaba. Esos ojitos indefensos, exteriorizaban un sentimiento de necesidad afectiva, y solo ahí comprendió que lo que le faltaba a su vida era entregar amor. Tomó a la pequeña de la mano, y juntas hicieron que esas páginas blancas se comenzaran a escribir.
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